Primero que nada nos gusta comer. Un gran rostizado al aire libre, zanahorias así nomás: a mordidas, cacahuates japoneses con valentina, frutos frescos del mar (pero también recién extraídos de una lata), tacos al pastor con o sin piña. Todo lo comestible nos interesa –de veras todo. Y creemos que eso puede verse en nuestro sitio. A veces somos vegetarianos. Nos maravillan las chinampaschinampas, los huertos urbanos, las compostas. Otras veces nos fascinan las cosas que el hombre hace para alimentarse de los animales del mundo: peces, aves, mamíferos, insectos. A veces comemos basura, frutas feísimas, cosas podridas. También nos gusta aquello que está alrededor de la comida y la bebida. Los rituales: la sobremesa, la oración por los alimentos, las comidas fúnebres o celebratorias; los oficios: el oficio del jimador, el del buzo que traerá los mejillones del almuerzo, el del estudioso de las propiedades medicinales del maguey; los artistas que piensan en comida: los pintores, los fotógrafos, los poetas, los cineastas –en nuestro sitio hay pintura, foto, escultura, poesía, cine. Y nos caen bien las personas que están imaginando formas inteligentes de comer sin acabar con este planeta hermoso y extraño y echado a perder: las iniciativas de estas personas, sus ideas para reciclar, para consumir mejor, para no desperdiciar, para aliarnos con el resto de los seres vivos y que todos podamos vivir un poco más, un poco mejor. Hay un espacio en nuestro sitio dedicado a estas iniciativas. Pero (casi) nunca nos ponemos serios. Apetito por la vida es divertirse, beber, comer, platicar. Paseen por nuestro sitio; con suerte, ustedes también se van a divertir.